Thor se había casado en dos ocasiones, primero con la giganta Iarnsaxa (piedra de
hierro), con la que tuvo dos hijos: Magni (fuerza) y Modi (valor), ambos destinados a
sobrevivir a su padre y al ocaso de los dioses y a gobernar el nuevo mundo que se
alzaría como el fénix de las cenizas del primero. Su segunda esposa fue Sif, la de
cabellos dorados, con al que también tuvo dos hijos: Lorrude y una hija de nombre
Thrud, una joven giganta célebre por su tamaño y fuerza. Fiel a la conocida afinidad por
el contraste, Thrud fue cortejada por el enano Alvis con su aprobación. Una noche,
cuando el pretendiente, que al ser un enano no podía afrontar la luz del día, se presentó
en Asgard para pedir la mano de Thrud, la asamblea de los dioses no le negó su
consentimiento. Apenas había mostrado su aprobación cuando Thor, que había estado
ausente, apareció súbitamente y, mirando con desprecio al insignificante pretendiente,
declaró que debería poner a prueba sus conocimientos para expiar por su baja estatura,
antes de que pudiera ganarse a su prometida.
Para probar las cualidades mentales de Alvis, Thor le interrogó en el lenguaje de los
dioses, el de los Vanes, el de los elfos y el de los enanos, prolongando astutamente su
examen hasta el amanecer, cuando el primer rayo de Sol cayó sobre el desdichado
enano y lo petrificó. Allí permaneció él, un perdurable ejemplo del poder de los dioses,
para que sirviera como advertencia a cualquier otro enano que osara ponerlo a prueba.
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